miércoles, 15 de febrero de 2012

El psicoanálisis



El psicoanálisis comenzó con el tratamiento de una joven mujer, paciente del médico y fisiólogo viene Joseph Breuer.  La paciente conocida como Anna O., mujer muy inteligente que sufría de parálisis del brazo y de la pierna derecha, nauseas, dificultades en la visión y en el habla y ausencias.  Se le diagnosticaba como histérica.  Se le aplico el tratamiento que comenzaba a usarse la hipnosis.  Durante  sus ausencias, la enferma mascullaba palabras, que bajo hipnosis se le dijo que verbalizara l que le ocurría en relación a ellas.  Así se pudo reconstruir una parte de la historia de la paciente que no había relatado previamente ella.  El hecho de recordar el episodio alivió sus parálisis y restableció su posibilidad de hablar.  Ella misma denomino el método empleado en su terapia como talking cure (método de la conversación).
Durante el tratamiento la enferma se enamoro del analista, demandando constantemente su atención, inclusive Anna sufrió un embarazo psicólogico, se había producido lo que Freud llamaría mas tarde como transferencia.
Cuando Breur le comento la historia a Freud, este comenzó a utilizar el talking cure con sus pacientes.  Sus observaciones lo llevaron a plantear que en el momento del acontecimiento traumático, el paciente había contenido una emoción intensa, que después era incapaz de recordar y expresar verbalmente.  La emoción así contenida se expresaba en síntomas, que el caracterizo como neuróticos.  Los episodios y las emociones asociadas a ellos no eran parte de la conciencia de los pacientes hasta que eran recordados bajo estado hipnótico.
Freud abandonó la hipnosis, ya que no servia para todos los pacientes y comenzó a trabajar favoreciendo el recuerdo de los acontecimientos traumáticos con otras técnicas entre ellas, la asociación libre, la interpretación de los sueños, los lapsus linguae (errores cometidos al pronunciar ciertas palabras) y los actos fallidos...  Aunque para algunas personas estos errores pueden parecer triviales para el psicoanálisis están motivados por contenidos inconscientes, que son reprimidos.
Freud demostró como expulsamos los contenidos dolorosos, no permitiéndoles entrar en la conciencia; pero lo reprimido pugna por manifestarse, creando toda clase de problemas y produciendo, por ejemplo, los síntomas neuróticos.  Es necesarios traerlo nuevamente a la conciencia para poder enfrentarlos de un modo realista.
Otro descubrimiento de Freud fue que cuando sus pacientes tenían la voluntad de recordar los hechos traumáticos, alguna fuerza interior lo impedía.  A esa fuera la denominó resistencia.  Freud decía que se convierte en inconsciente son ciertos deseos que entran en colisión con lo que la sociedad espera de un individuo o con lo que el propio individuo considera que debe ser.

El método psicoanalítico

Se ha caracterizado por la asociación libre como el método privilegiado.  Se basa en la premisa de que ninguna idea es arbitraria o insignificante.  La instrucción para la utilización del método de la asociación libre son simples; instar al paciente a verbalizar todo lo que se le ocurra con relación a una palabra, un recuerdo, un color o cualquier otro fenómeno sensible.  La asociación libre puede ser difícil de seguir, ya que podemos censurar los pensamientos que surjan y tener vergüenza de comentarlos.  En el tratamiento, después de la asociación libre, el individuo reflexiona sobre lo que ha dicho, guiado por el terapeuta.
Otra forma de asociación libre es reflexionar sobre los lapsus.  Cuando se producen errores al emitir palabras o olvidos de determinados vocablos.
El segundo modo de trabajar la asociación libre es a través de los sueños, considerado por Freud como el camino más importante hacía el inconsciente.  En general, es fácil entender los sueños de los niños porque debido a que sus defensas no están todavía estructuradas, sueñan con el cumplimiento de deseos insatisfechos del día anterior.  El análisis de los sueños, tarea entre el paciente y el analista, permite descubrir el significado latente que está oculto en el sueño tal como es recordado.  El significado de un sueño no esta en las imágenes del sueño, sino que hay que develarlo, habrá que interpretar aún una pesadilla para entender cual es el deseo que oculta.  La repetición de sueños traumáticos puede estar al servicio de obligar a la persona a reflexionar sobre algo que se esta ocultando a si mismo, que puede estar vinculado a un deseo reprimido.

La importancia de la sexualidad.

Para Freud, la psiquis está regida por impulsos, a los que definió como forma de energía que combina aspectos tanto corporales como mentales.  Existen dos grupos básicos de impulsos: Eros, que se refiere a los impulsos vitales y el Tánatos, que implican los impulsos de muerte y se vinculan a las diversas formas de agresividad.  Llamo a la energía que surgen de los impulsos vitales, libido.
En el siglo XIX en que vivió Freud, se consideraba que las mujeres ni los niños tenían deseos sexuales.
Lo primero que surgió, en contraposición a las ideas de la época, es que el propósito primario de la conducta sexual es el placer.  Lo segundo fue aceptar que la sexualidad no se limita solo a la genitalidad. Sino que incluye otras actividades, referidas a otras áreas de placer.  Esto fue observado en los niños que buscan obtener placer experimentando con diferentes zonas de sus cuerpos, por ejemplo cuando se chupan un dedo.
Freud caracterizó a la sexualidad infantil como autoerótica, es decir, búsqueda de placer en el propio cuerpo en lugar de en el cuerpo de otra persona.

La estructura de la personalidad

La primera teoría del aparato psíquico, Freud distingue tres niveles de conciencia: consciente, preconsciente e inconsciente.
El nivel consciente está formado por las percepciones y los recuerdos de lo que somos conscientes.
El nivel preconsciente está constituido por pensamientos y recuerdos que no son conscientes, pero que pueden llegar a serlo, con mayor o menor facilidad, a partir de una intención de la persona de recuperarlos para la conciencia.
El nivel inconsciente esta compuesto por deseo o impulsos reprimidos que rara vez es factible que lleguen a la consciencia.
Entre el preconsciente y el inconsciente opera la censura, cuya función es la represión de los deseos e impulsos agresivos y sexuales.  La censura solo se relaja relativamente durante el sueño, lo que permite que los deseos reprimidos se expresen en él, aunque de forma disfrazada.

En 1923 en el libro El yo y el Ello, Freud plantea una segunda teoría del aparato psíquico, en la que afirma que la personalidad tiene una estructura que comprende tres instancia: el ello, el yo y el superyó.  No son pedazos de la mente, sino que son funciones.
El ello, incluye a los deseos y necesidades básicas que nos motivan.  Opera de acuerdo al principio de placer, que dirige la conducta hacia todo lo que puede ser gratificante para el ser humano.
El ello buscar reducir la tensión también mediante lo que Freud llamo los procesos primarios, que se refieren a representaciones alejadas de la realidad, con las que podemos suplir la ausencia de los objetos que son motivos de placer.  El proceso primario subyace a los sueños y a las alucinaciones y delirios psicóticos en los que pueden satisfacer las alucinaciones y delirios de un modo no realista.
El yo, en cambio, intenta satisfacer las demandas que provienen del ello de un modo realista, es decir, tomando en cuenta la realidad externa y no  las propias necesidades.  Obedece al principio de realidad, que a menudo se debe posponer la realización del deseo.  Es un proceso secundario que incluye las habilidades de razonamiento que ayudan al individuo a distinguir entre lo que es real y lo que es imaginario.
El superyó, representa los valores, los ideales y las normas morales que el individuo ha internalizado a partir de su sociedad.  Conforma internalizados la enseñanza de nuestros padres y de la sociedad, las recompensas y castigos que durante la niñez provenían de otros, surgen después del mismo sujeto.
El superyó opera a través de dos subsistemas: la conciencia y el ideal del yo.  La primera se refiere a la capacidad para evaluarse a uno mismo, para la autocrítica y el autorreproche.  El ideal de yo es la imagen de sí misma que la persona aprueba para sí.  Incluye todo lo que pensamos que deberíamos ser y como deberíamos alcanzarlo.
En la personalidad adulta que se ha desarrollado adecuadamente, el yo control y gobierna tanto al ello como al superyó, mediando entre las demandas de ambos y las exigencias del mundo exterior.  Sin embargo, el desarrollo no siempre se cumple de manera optima, por lo que le termina agobiado por el ello y el superyó.  Es por eso que Freud describió al yo como un carro tirado por dos caballos que corren en dirección opuesta uno del otro.
La descripción que hace Freud de la personalidad es la de una estructura dividida, que debe enfrentar fuerzas que necesariamente entran en conflicto.  En su teoría, entonces, el conflicto es la piedra angular de la personalidad.

El psicoanálisis como terapia

En el psicoanálisis clásico, el paciente se recuesta en un diván y al analista se sienta detrás, fuera de su vista.  Esta posición fue elegida por Freud porque pensaba que estando relajado, y sin ver el rostro del terapeuta, el paciente podía ser espontáneo y asociar libremente con mayor fluidez.
El deber del analista es mantenerse neutral, interpretando la transferencia que el paciente hace hacia su persona (o más bien hacia su rol) de los contenidos emocionales con las figuras significativas de su infancia.
El paciente reconstruye a través del tratamiento la historia de su vida, y particularmente los vínculos con su núcleo familiar.  La comprensión acerca de la relación entre situaciones actuales de su vida con episodios pasados es lo que llamo, insight (compresión por mirarse hacia adentro).  El análisis permite al paciente, a partir de estos insights, reexperimentar y trabajar sobre sus primeros vínculos afectivos, tratando de lograr una resolución más satisfactoria de ellos que la que había obtenido.
El proceso del tratamiento psicoanalítico es largo y costoso.  Las sesiones son de 50 minutos y se realizan de dos a tres veces por semana.  Esto implica un compromiso importante en términos de tiempo y de dinero.
Se han generado otros tipos de terapias de menor tiempo que tienen objetivos menos ambiciosos que transformar la personalidad de un sujeto y se conforman con alcanzar objetivos parciales, como hacer desaparecer los síntomas.

Métodos de exploración de la personalidad.

Los psicólogos disponen de diferentes métodos para el estudio de la personalidad.  Algunos de ellos son la observación directa, las entrevistas y los testes proyectivos.

Observación directa.

Es un a estrategia para obtener información mediante la cual se puede registrar en forma sistemática la ocurrencia, la frecuencia o la duración de determinadas conductas personales.

Entrevista

Permite obtener una gran información sobre un individuo.  Hay diferentes tipos de entrevistas, desde las que se realiza en forma totalmente libre, dejando hablar al sujeto, hasta la que se realiza con una guía de preguntas prefijada.  El tipo de entrevista a realizar depende de lo que se pretende.

Tests proyectivos

Son pruebas en las que al sujeto a partir de estímulos como dibujos, manchas de tinta, o palabras, narra historias o interpreta lo que se le muestra.  Como los materiales de estas pruebas no tienen un formato definido, se supone que cada persona proyectará en ellas sus necesidades, sentimientos y toros aspectos de su personalidad, lo que se advierte a través de sus respuestas.

Algunos de estos tests son:

El test de Rorschach: Este psicólogo diseñó unas láminas con manchas de tintas que se muestran como estímulos, y elaboró un sistema para la clasificación de las respuestas.  Se trata de 10 láminas.  La interpretación de las respuestas se basa en el modo en que el sujeto percibe las formas, interpreta la globalidad o los detalles de las manchas, etc.

Test de apercepción temática (TAT) de Murray.  Se componen de 20 tarjetas con fotografías de situaciones difusas y vagas.  Se pide al sujeto que cuente una historia para cada fotografía

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